Inexistente

No soy de muchas ilusiones
Y no por traiciones ni sufrimientos me desencanté
Fue lo que fue
Amé lo que amé
No me arrepentí
Mas rumbo cambié.

Y entre mis enredos aprendí
El difícil arte de no esperar
Aunque espero
De no sentir aunque muera
De ser directo aunque quiera mantener el suspenso entre el silencio y la palabra.

Frío no soy
Calculador talvez
Me gustan las matemáticas afectivas
Y la química del placer
Un placer basado en la razón
En el conocimiento de mi alma
Reflejada en tu óleo sobre piel.

Y mientras me digo que no busco un alma gemela
Mi imaginación abre sus alas
Hacia un lugar distante, silencioso y sereno
En dónde te abrazo sin miedo a mi yo
Que me tiene prohibido volver a decir «te amo».

No soy yo
No es mi pasado
Es la extrema confianza
Es la indiferencia hacia mí mismo
Es el cinismo de sentir que llegará
Aún cuando no lo buscamos
Es algo extraño que te extraño sin conocerte
Y a la vez me odio por no tenerte
Por no hacer nada por amarte
Por sentirte, por buscarte, por conquistarte.
Es algo extraño sentir esto, por alguien que no existe más que en mi silencio y mi soledad.

En memoria de ustedes

Quisiera darte un morterazo en el pensamiento
Y hacerte explotar las neuronas de sentimiento
Quisiera meterte una bala llena de paz en la cabeza
O pegarte una pedrada llena de amor con sutileza.

Quisiera tener la destreza de amarte con odio
Y de mostrarte el cariño que te tengo a cachimbazos, culatazos y patadas
Dispararte de frente con la sangre helada
Y después darte un abrazo como que nada pasó.

¡Cuánto quisiera herirte con pequeñas caricias!
Y desangrarte el alma lenta y delicadamente
Llorar por tu agonía y por tu muerte
Aunque fuese yo el autor intelectual.

Quisiera dar un minuto de silencio en tu memoria
Entre los que arriesgaron su vida por matarte
Tener el privilegio de narrar tu historia
Escribirte un destino siniestro y algo de suerte desearte.

El diario de viaje de una mariposa

Las alas de la regia mariposa se movían apaciblemente, cual expresión de alegría y amor a la vida, como abriéndose a la libertad; lucía relumbrante y colorida, su estela era un arco iris sostenido unos leves segundos por el viento. Ante tal espectáculo la pequeña mariposa no sabía si mirar a su alrededor o mirar sus fastuosas alas, que con sus suaves y ligeros aleteos realizaban una combinación de colores increíble, tales como los de un ocaso de verano en pleno mar.

La mariposa resolvió dejar de verse por un segundo, entonces fueron deslumbrantes las cosas que apreció; abajo, arriba, a su lado, mil colores destilaban de ese mundo exterior, era una maravilla, nunca lo había visto de esa manera, jamás pensó que existiera, era lo mejor que podía pasarle. Súbitamente miró hacia abajo, le llamó la atención algo que se movía allá, poco a poco fue bajando, disminuyó la velocidad de sus aleteos mientras observaba ese diminuto punto de mil colores que estaba ahí abajo, bajo más y más, hasta que lo tocó y cuando lo hizo se sintió feliz, completa, plena, libre, mítica y real, era ella, sí, era ella posada sobre unas aguas cristalinas.

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