Un mismo camino

Caminaba por las calles de una bella ciudad, preciosos paisajes adornaban el ambiente, apacibles moradas se veían desde el andén por donde transitaba; el cielo azul despejado daba un toque de serenidad al alma y todo en derredor inspiraba un ambiente de paz; algo raro noté en el sueño, era que aunque la ciudad estaba bella y bien arreglada, no había ser humano a la vista, pero pronto mi perspectiva cambió; una niña apareció de repente delante de mí y señalando un nuevo pasaje hacia mi derecha, me dijo: tendrás que tomar este camino.

Observé con profundo detenimiento mi nuevo destino que se extendía sin fin y resolví sin opción alguna caminar hacia allá. Todo era distinto al primer ambiente, aquí las calles estaban polvorientas, las casas estaban semi destruidas y la tierra se notaba árida y seca, algo insano se podía respirar y hasta el cielo daba un color gris. Luego empezaron a aparecer personas en el camino, estas invadían mi espacio, me gritaban obscenidades y hasta intentaban golpearme, corrí por librarme del peligro y cansado de correr caí tumbado en el suelo, nuevamente apareció la pequeña que me había señalado el camino y me dijo: ¿por qué te asustas?, este es el mismo lugar por donde caminabas antes y señalándome a la derecha observé que me encontraba a pocos metros de la bella ciudad, entonces, desperté.

El diario de viaje de una mariposa

Las alas de la regia mariposa se movían apaciblemente, cual expresión de alegría y amor a la vida, como abriéndose a la libertad; lucía relumbrante y colorida, su estela era un arco iris sostenido unos leves segundos por el viento. Ante tal espectáculo la pequeña mariposa no sabía si mirar a su alrededor o mirar sus fastuosas alas, que con sus suaves y ligeros aleteos realizaban una combinación de colores increíble, tales como los de un ocaso de verano en pleno mar.

La mariposa resolvió dejar de verse por un segundo, entonces fueron deslumbrantes las cosas que apreció; abajo, arriba, a su lado, mil colores destilaban de ese mundo exterior, era una maravilla, nunca lo había visto de esa manera, jamás pensó que existiera, era lo mejor que podía pasarle. Súbitamente miró hacia abajo, le llamó la atención algo que se movía allá, poco a poco fue bajando, disminuyó la velocidad de sus aleteos mientras observaba ese diminuto punto de mil colores que estaba ahí abajo, bajo más y más, hasta que lo tocó y cuando lo hizo se sintió feliz, completa, plena, libre, mítica y real, era ella, sí, era ella posada sobre unas aguas cristalinas.

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