Poesía

 

Un ciego que es invisible
 Sin poder ser visto ni ver
 Capta el brillo de un lucero
 Queriendo ser y no ser
Un mudo grita en las calles
 Las ocurrencias de su alma
 Los sordos se ríen, se burlan
 ¿Habrá necedad en sus palabras?
Corre un cojo de ambas piernas
 A toda prisa y con locura
 Llevando una luz que es dulzura
Para entregarla en manos de un manco
 En lentitud se apresura sabiendo que el tiempo apura
 Y el espacio nos consume como a niebla que no dura.

Te perdono

Te perdono que no mientas
Te perdono que seas fiel
Perdono tu sinceridad
Y tu amistad que me alienta.

Tu dulzura apaciguante
Cual miel que me sabe a hiel
Tu paciencia suavizante
Te la perdono también.

Perdono tu libertad
Y la verdad en tus palabras
Y hasta tu santidad
Podría aun perdonar

Te perdono que me extrañez
Y que sientas lo que sientes
Te perdono que me ames
Como soy en realidad.

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